Después de la tormenta

Es difícil resistir la tentación de hacer un balance del año ahora que ya termina. Para mí, 2018 fue un año de intentar muchas cosas nuevas y no puedo más que estar agradecido por eso.

Y es que uno o dos años antes, la sensación general era que mi vida se estaba terminando. Me hallaba estancado, huérfano de las cosas que antes habían dado sentido a mi cotidianeidad.

Pero este año pasaron muchas cosas. Vientos de cambio azotaron mi puerta y tuve el buen juicio de dejarme conducir por ellos. Conocí nuevos amigos y afiancé mi vínculo con otros ya conocidos. Hice cosas nuevas y fracasé, pero también hubo éxitos y aprendizajes. Soy un poco distinto de lo que era hace un año y estoy muy consciente de ello. Para alguien como yo, que aprecia el ronroneo de la rutina, adaptarse no siempre es fácil. Pero poco a poco voy equilibrando esta nueva vida que se ha poblado de pronto de nuevas aristas.

Decirlo así no es más que un lugar común, pero la vida, como el agua, fluye. Y en la mía, ahora, después de la tormenta está cayendo un gentil aguacero.

 

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